Ilustración sobre la escala de valoración nacional: tres reglas de calificación distintas que desembocan en los mismos cuatro niveles

Un colegio califica de 1 a 5. Otro, de 1 a 100. Un tercero usa letras o conceptos. Cuando alguien que coordina los tres pide “el promedio de matemáticas de la red”, recibe un número que parece preciso y no significa nada. La escala de valoración nacional existe justamente para resolver eso: es el idioma común en el que cada colegio debe poder traducir sus notas.

Lo que dice la norma: escala propia, con equivalencia obligatoria

El Decreto 1290 de 2009 le da a cada colegio la autonomía de diseñar su Sistema Institucional de Evaluación de los Estudiantes (SIEE). Dentro de esa autonomía está la escala: “Cada establecimiento educativo definirá y adoptará su escala de valoración de los desempeños de los estudiantes” (artículo 5).

Pero la autonomía tiene una condición. El mismo artículo agrega: “Para facilitar la movilidad de los estudiantes entre establecimientos educativos, cada escala deberá expresar su equivalencia con la escala de valoración nacional”. Esa escala tiene cuatro niveles:

  • Desempeño Superior.
  • Desempeño Alto.
  • Desempeño Básico.
  • Desempeño Bajo.

El decreto define dos de ellos. El básico es “la superación de los desempeños necesarios en relación con las áreas obligatorias y fundamentales”, con referencia en los estándares del Ministerio de Educación Nacional (MEN) y en el proyecto educativo del colegio. El bajo es “la no superación de los mismos”.

Por eso el artículo 4 exige que el SIEE contenga “la escala de valoración institucional y su respectiva equivalencia con la escala nacional” (numeral 2). Si su SIEE no tiene esa tabla escrita, ahí hay una tarea pendiente antes de comparar nada.

Por qué promediar notas de escalas distintas engaña

Un ejemplo inventado lo muestra. En el colegio A, la escala va de 1,0 a 5,0 y el básico empieza en 3,0. En el colegio B, la escala va de 1 a 100 y el básico empieza en 70.

Un estudiante del colegio A saca 3,0: es el 60 % de la escala y aprobó, está en básico. Un estudiante del colegio B saca 65: es el 65 % de la escala y no aprobó, está en bajo. Si alguien convierte todo a porcentaje y los ordena, el segundo queda “por encima” del primero. La realidad es la contraria.

El problema no es de matemáticas. Es que cada colegio pone sus cortes donde su SIEE lo decide, y un número suelto no dice en qué nivel quedó el estudiante. El nivel sí lo dice.

Cómo comparar con justicia usando la escala de valoración nacional

Para quien mira varios colegios a la vez, cinco pautas:

  • Pida la tabla de equivalencia de cada colegio. Es parte obligatoria del SIEE. Verifique que cubra todas las áreas y grados, y que no haya cambiado a mitad de año sin registrarlo.
  • Compare niveles, no promedios. La pregunta útil no es “cuál colegio tiene mejor nota”, sino “qué porcentaje de estudiantes está en desempeño bajo en matemáticas de séptimo, en cada colegio”.
  • Use el mismo corte de tiempo. Comparar el tercer periodo de un colegio con el segundo de otro produce diferencias que no existen.
  • Contraste con una medición externa. El decreto le encarga a las Secretarías de Educación “analizar los resultados de las pruebas externas” de sus colegios y “contrastarlos con los resultados de las evaluaciones” del SIEE (artículo 10, numeral 1). Es buena práctica también para una red privada: si un colegio tiene casi todo en superior y le va flojo en las pruebas externas, su escala puede estar siendo indulgente.
  • Lea la cifra como pregunta, no como ranking. Un porcentaje alto en desempeño bajo es motivo de conversación con el rector, no de sanción. El colegio conoce su contexto.

La escala nacional también protege al estudiante que se traslada

El artículo 5 lo dice claro: la equivalencia existe “para facilitar la movilidad”. Cuando un estudiante cambia de colegio, la familia pide una constancia de desempeño. Según el artículo 17, si esa constancia dice que fue promovido, el colegio que lo recibe debe matricularlo en el grado al que fue promovido. Si cree que necesita apoyo, debe ofrecérselo.

En una red, esto pasa más seguido de lo que parece: traslados entre sedes, entre ciudades o entre colegios de la misma congregación. Una tabla de equivalencia clara evita discusiones sobre si un 3,2 “vale” lo mismo que un 72. Y si la diferencia llega a reclamación, el decreto le encarga a la Secretaría resolver las que se presenten “con respecto a la movilidad de estudiantes” en su jurisdicción (artículo 10, numeral 4).

Cómo SISGA acompaña la comparación entre colegios

Comparar con justicia exige que cada colegio conserve su escala y que la información se pueda leer por niveles. La plataforma trabaja en esa línea:

  • Cada colegio califica con su propia escala, numérica, cualitativa o mixta, por asignatura y grado. No se le impone otra.
  • Cuántos estudiantes van en cada nivel de desempeño, y en qué porcentaje, durante el periodo y con la escala de la institución.
  • El registro escolar de valoración y los consolidados quedan listos, sin armarlos a mano al cierre.
  • La información de varias sedes o colegios se consolida para quien coordina la red, mientras cada colegio conserva la suya.
  • Constancias y certificados que la familia descarga, con verificación de autenticidad, útiles cuando el estudiante se traslada.

La escala, sus cortes y su equivalencia con la nacional los define cada colegio en su SIEE. La plataforma le ayuda a tenerlos ordenados y a leerlos de forma comparable. Sección basada en el uso de la plataforma SISGA.

Le puede interesar

Fuentes consultadas