
Casi toda planeación de clase se escribe pensando en un estudiante promedio: uno que lee a determinada velocidad, se concentra cierto tiempo y demuestra lo aprendido por escrito. El problema es que ese estudiante promedio no está sentado en el salón. Están los otros treinta y cinco.
El diseño universal para el aprendizaje parte justamente de ahí: si la barrera está en el diseño de la clase y no en el estudiante, entonces lo que hay que rediseñar es la clase.
Qué dice la norma
No es una moda pedagógica importada: está en la norma colombiana. El Decreto 1421 de 2017 lo define como el “diseño de productos, entornos, programas y servicios que puedan utilizar todas las personas, en la mayor medida posible, sin necesidad de adaptación ni diseño especializado”.
Y en educación, agrega, comprende “los entornos, programas, currículos y servicios educativos diseñados para hacer accesibles y significativas las experiencias de aprendizaje para todos los estudiantes a partir de reconocer y valorar la individualidad”. Es, en palabras del propio decreto, “una propuesta pedagógica que facilita un diseño curricular en el que tengan cabida todos los estudiantes, a través de objetivos, métodos, materiales, apoyos y evaluaciones formulados partiendo de sus capacidades y realidades”.
El DUA va antes que el ajuste individual
Este es el punto que más se malinterpreta, y la norma lo resuelve con una precisión notable. El mismo decreto define los ajustes razonables como las acciones y apoyos basados en necesidades específicas de cada estudiante “que persisten a pesar de que se incorpore el Diseño Universal de los Aprendizajes“.
Y al definir el PIAR (Plan Individual de Ajustes Razonables), lo describe como insumo para la planeación de aula y para el Plan de Mejoramiento Institucional, “como complemento a las transformaciones realizadas con base en el DUA“.
El orden importa: primero se flexibiliza la clase para todos, y solo lo que siga siendo barrera después de eso justifica un ajuste individual. Un colegio que salta directo al PIAR sin haber tocado su planeación termina con una pila de planes individuales que ningún equipo docente puede sostener.
Currículo flexible: mismos objetivos, distintos caminos
El decreto también define el currículo flexible como aquel “que mantiene los mismos objetivos generales para todos los estudiantes, pero da diferentes oportunidades de acceder a ellos”.
Vale la pena subrayar la primera mitad de la frase, porque ahí está el malentendido más costoso: flexibilizar no es bajar la exigencia. Los objetivos no cambian. Lo que cambia son las rutas para llegar a ellos.
Los tres principios, traducidos a decisiones de aula
El marco del que proviene el DUA se organiza en tres principios. Así se ven cuando aterrizan en una planeación real:
1. Múltiples formas de implicación (el porqué del aprendizaje). Es el principio que más se olvida y el que más cambia el clima de la clase.
- Explicar para qué sirve lo que se va a aprender, con un ejemplo del contexto de los estudiantes.
- Ofrecer alguna elección real: el tema del ensayo, el orden de los ejercicios, el compañero de trabajo.
- Definir metas cortas y visibles, para que el avance se note antes del final del periodo.
2. Múltiples formas de representación (el qué del aprendizaje). La misma información, disponible por más de un canal.
- Acompañar la explicación oral con un esquema, una línea de tiempo o un mapa.
- Entregar el texto clave con los términos difíciles ya explicados al margen.
- Usar video o audio corto para el mismo contenido, no como premio sino como alternativa.
3. Múltiples formas de acción y expresión (el cómo del aprendizaje). Distintas maneras de demostrar lo aprendido.
- Permitir que el producto sea un escrito, una exposición, un modelo o un registro audiovisual, siempre que evidencie el mismo objetivo.
- Dar plantillas o listas de chequeo para organizar el trabajo largo.
- Aceptar borradores intermedios, para que el estudiante corrija antes de la entrega final.
Cómo se ve en la planeación
No hace falta un formato nuevo. Basta con agregar dos columnas a la planeación que ya existe:
- Objetivo de aprendizaje: el mismo para todo el grupo.
- Barreras previsibles: qué puede impedir que un estudiante llegue a ese objetivo (lectura densa, instrucción solo oral, tiempo insuficiente, formato único de entrega).
- Opciones previstas: qué alternativa está lista de antemano para cada barrera.
La palabra clave es de antemano. El DUA no es improvisar una adaptación cuando el estudiante se queda atrás; es tener la alternativa preparada antes de que eso pase.
Tres errores frecuentes
- Confundir flexibilidad con menor exigencia. Si el objetivo cambió, no hubo flexibilización: hubo renuncia.
- Aplicar el DUA solo al estudiante con discapacidad. El diseño universal es para el grupo completo; si se usa como etiqueta individual, pierde su sentido y estigmatiza.
- Multiplicar materiales sin propósito. Tres versiones de la misma guía no sirven de nada si ninguna elimina la barrera real.
Cómo SISGA acompaña el seguimiento de los apoyos
Cuando la clase ya está diseñada con opciones y aun así un estudiante necesita apoyos específicos, empieza otro trabajo: registrarlos, sostenerlos entre docentes y demostrar que se hicieron. La plataforma SISGA ordena esa parte:
- El PIAR y sus seguimientos en un mismo lugar: el registro de estudiantes con necesidades educativas, sus apoyos y los planes de apoyo quedan asociados al estudiante, no a la memoria de un docente.
- Continuidad entre docentes y periodos: quien recibe al grupo el año siguiente encuentra el histórico de lo que ya se intentó y de lo que funcionó.
- Evidencia de los ajustes realizados: queda constancia de qué se ajustó y cuándo, útil ante una revisión de la secretaría de educación o una solicitud de la familia.
- Todo integrado con la vida escolar: la información de apoyos conversa con la asistencia y con el seguimiento académico, sin planillas paralelas.
La decisión pedagógica —qué flexibilizar y cómo— es del equipo docente. Sección basada en el uso de la plataforma SISGA.